Mons. Javier Echevarría centra la carta mensual en "una de las
tradicionales obras de misericordia espiritual, que san Josemaría nos
enseñó a valorar y a la que el Santo Padre otorga un relieve especial:
la práctica de la corrección fraterna".
03 de marzo de 2012
PDF: Carta del Prelado del Opus Dei (marzo 2012)
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Hemos entrado en la Cuaresma, tiempo litúrgico con el que conmemoramos los cuarenta días de oración y ayuno de Jesucristo en
el desierto, antes de comenzar su ministerio público. Y así como el
Maestro empezó su predicación con una llamada apremiante a la conversión
—el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos
y creed en el Evangelio[1], así la Iglesia nos exhorta a aprovechar las
grandes gracias de este tiempo litúrgico fuerte, para dar un paso
decidido en nuestro acercamiento a Dios.
seguir leyendo en opusdei.es
Semana Santa: 8 meditaciones y más
Te animo a que te prepares para vivir mejor la Cuaresma, que empieza el miércoles próximo, y la Semana Santa. Para ello te invito a leer y meditar los textos, vídeos y audios de Benedicto XVI, San Josemaría y del prelado del Opus Dei que te pongo a continuación.
Dos vídeos con consejos en tertulias de San Josemaría:
Meditaciones y audios del Prelado del Opus Dei sobre la Pasión del Señor:
Escuche "Getsemaní"
Semana Santa: 8 meditaciones del Prelado para descargar en audio
Prólogo del libro Getsemaní
Textos de San Josemaría:
Vía Crucis de San Josemaría
Tras los pasos del Señor
La conversión de los hijos de Dios
Textos y audios sobre la Pasión, Muerte en la Cruz y La Resurrección de Jesucristo incluidos en el apartado Dentro del Evangelio de la sección Conocer a Jesucristo.
De Benedicto XVI:
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
Cuaresma 2011: "Vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo"
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
de opusdei.es
Dos vídeos con consejos en tertulias de San Josemaría:
Meditaciones y audios del Prelado del Opus Dei sobre la Pasión del Señor:
Escuche "Getsemaní"
Semana Santa: 8 meditaciones del Prelado para descargar en audio
Prólogo del libro Getsemaní
Textos de San Josemaría:
Vía Crucis de San Josemaría
Tras los pasos del Señor
La conversión de los hijos de Dios
Textos y audios sobre la Pasión, Muerte en la Cruz y La Resurrección de Jesucristo incluidos en el apartado Dentro del Evangelio de la sección Conocer a Jesucristo.
De Benedicto XVI:
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
Cuaresma 2011: "Vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo"
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
de opusdei.es
Otro aniversario en el Opus Dei
Hoy es el aniversario de la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 14 de febrero de 1943 San Josemaría encontró la solución que buscaba para que hubiera sacerdotes en el Opus Dei.
Para conocer mejor la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz te propongo ver este vídeo, me parece ilustrativo. Lo he encontrado en la página oficial del Opus Dei:
Para conocer mejor la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz te propongo ver este vídeo, me parece ilustrativo. Lo he encontrado en la página oficial del Opus Dei:
Próximo viaje de Benedicto XVI a Ámerica Latina
La segunda visita de Benedicto XVI a América Latina será del 23 al 28 de marzo de 2012. La conferencia episcopal de México ha publicado algunos de los detalles de esta visita.
Benedicto XVI dejará Roma el 23 de marzo y llegará el mismo día a México, concretamente al aeropuerto de León. Allí le recibirá el presidente de México, Felipe Calderón y el obispo de la ciudad entre otras autoridades civiles, religiosas y militares.
Durante su estancia en México, el Papa se hospedará en la Residencia de las Religiosas del Colegio Miraflores, en la ciudad de León.
El sábado 24 de marzo Benedicto XVI se reunirá con representantes del gobierno del país en la ciudad de Guanajuato.
Al día siguiente, 25 de marzo, Benedicto XVI celebrará una misa multitudinaria en el Parque Bicentenario. Ese mismo día se reunirá con los obispos del país y representantes de los demás países de América Latina y el Caribe en la Catedral de León.
El 26 de marzo se viajará a Cuba. Aterrizará en la ciudad de Santiago de Cuba, a 900 kilómetros de la capital La Habana. Allí le recibirá el presidente Raúl Castro y obispos cubanos.
Según el programa, el 27 de marzo el Papa celebrará una misa en conmemoración por los 400 años de la aparición en Cuba de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla. Ese mismo día volará a La Habana, donde se reunirá con el presidente Raúl Castro.
El Papa se despedirá de América Latina el 28 de marzo. Por la mañana celebrará una misa en la Plaza de la Revolución, donde ya lo hizo Juan Pablo II en 1998.
Una visita que se espera que refuerce el diálogo entre la Iglesia católica y el gobierno comunista de Cuba.
Benedicto XVI dejará Roma el 23 de marzo y llegará el mismo día a México, concretamente al aeropuerto de León. Allí le recibirá el presidente de México, Felipe Calderón y el obispo de la ciudad entre otras autoridades civiles, religiosas y militares.
Durante su estancia en México, el Papa se hospedará en la Residencia de las Religiosas del Colegio Miraflores, en la ciudad de León.
El sábado 24 de marzo Benedicto XVI se reunirá con representantes del gobierno del país en la ciudad de Guanajuato.
Al día siguiente, 25 de marzo, Benedicto XVI celebrará una misa multitudinaria en el Parque Bicentenario. Ese mismo día se reunirá con los obispos del país y representantes de los demás países de América Latina y el Caribe en la Catedral de León.
El 26 de marzo se viajará a Cuba. Aterrizará en la ciudad de Santiago de Cuba, a 900 kilómetros de la capital La Habana. Allí le recibirá el presidente Raúl Castro y obispos cubanos.
Según el programa, el 27 de marzo el Papa celebrará una misa en conmemoración por los 400 años de la aparición en Cuba de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla. Ese mismo día volará a La Habana, donde se reunirá con el presidente Raúl Castro.
El Papa se despedirá de América Latina el 28 de marzo. Por la mañana celebrará una misa en la Plaza de la Revolución, donde ya lo hizo Juan Pablo II en 1998.
Una visita que se espera que refuerce el diálogo entre la Iglesia católica y el gobierno comunista de Cuba.
Audiencia del Santo Padre con el Prelado del Opus dei
El pasado lunes 31 de enero, a las 11,30 de la mañana, Benedicto XVI recibió en audiencia a Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei
Os dejo aquí unas cuantas fotos, porque pienso que os pueden gustar.
Os dejo aquí unas cuantas fotos, porque pienso que os pueden gustar.
"A menudo, la autoridad humana significa posesión"
“A menudo, la autoridad humana significa posesión, poder, dominio y éxito. Para Dios, sin embargo, la autoridad significa servicio, humildad y amor. Es estar en la lógica de Jesús, que se arrodilla para lavar los pies a los discípulos”.
Son palabras de Benedicto XVI durante el ángelus el domingo pasado en el que habló sobre la dominación y abuso de poder en ámbitos sociales y laborales. El Papa dijo que la autoridad debe traducirse en actitud de servicio, humildad y amor.
Son palabras de Benedicto XVI durante el ángelus el domingo pasado en el que habló sobre la dominación y abuso de poder en ámbitos sociales y laborales. El Papa dijo que la autoridad debe traducirse en actitud de servicio, humildad y amor.
47 Jornadas de Cuestiones Pastorales

Cerca de 150 sacerdotes reflexionan sobre el papel de la familia en la evangelización.
Durante dos días, unos 150 sacerdotes de los diferentes obispados con sede en Cataluña han participado en las 47 Jornadas de Cuestiones Pastorales, celebradas en Premià de Dalt bajo el lema "Matrimonio y familia para una nueva evangelización".
Según el Cardenal Ennio Antonelli, la familia cristiana "debe desarrollar un camino de conversión permanente a Cristo y a los hermanos"
leer más en opusdei.es
Opus Dei: he elegido 3 vídeos sobre la Prelatura
He entrado en el Canal del Opus Dei de TouTube y he encontrado mucha y muy buena información sobre la obra, empezando por esta definición:
El Opus Dei es una institución de la Iglesia católica fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer. El trabajo y la vida ordinaria son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad.
Y he selecionado 3 vídeos en los que se explican temas interesantes sobre la Obra:
1- El 19 de marzo de 1983 se celebró el acto de la entrega de la Bula Ut Sit en Roma. Este documento de Juan Pablo II erigía el Opus Dei en Prelatura Personal. Una institución que, en palabras de su Fundador, "sólo pretende servir a la Iglesia":
2- Palabras de San Josemaría en un nuevo aniversario de su canonización:
3- San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei decía que el cristiano debe actuar con libertad en el arte, la política, la empresa, los medios de comunicación Trailer de un vídeo realizado en Argentina sobre personas que han aprendido a ser libres:
Si te han gustado cuéntaselo a alguien, todavía hay mucha gente que tiene dudas sobre lo que es el Opus Dei y se las puedes aclarar.
El Opus Dei es una institución de la Iglesia católica fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer. El trabajo y la vida ordinaria son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad.
Y he selecionado 3 vídeos en los que se explican temas interesantes sobre la Obra:
1- El 19 de marzo de 1983 se celebró el acto de la entrega de la Bula Ut Sit en Roma. Este documento de Juan Pablo II erigía el Opus Dei en Prelatura Personal. Una institución que, en palabras de su Fundador, "sólo pretende servir a la Iglesia":
2- Palabras de San Josemaría en un nuevo aniversario de su canonización:
3- San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei decía que el cristiano debe actuar con libertad en el arte, la política, la empresa, los medios de comunicación Trailer de un vídeo realizado en Argentina sobre personas que han aprendido a ser libres:
Si te han gustado cuéntaselo a alguien, todavía hay mucha gente que tiene dudas sobre lo que es el Opus Dei y se las puedes aclarar.
"renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia"
Carta del Prelado (enero 2012)
Entre otras ideas, el Prelado del Opus Dei invita a agradecer a Dios el tiempo que dejamos atrás y a mirar con esperanza el año que se abre ante nosotros.
PDF: Carta del Prelado del Opus Dei, para imprimir.
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Cantando ayer el Te Deum en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, ante el Santísimo Sacramento expuesto en la custodia, dábamos gracias a la Trinidad Beatísima por los beneficios que nos ha concedido en el año que acaba de transcurrir. Me sentí muy unido al Papa y a toda la Iglesia, especialmente a cada una y a cada uno de vosotros, y a los innumerables Cooperadores y amigos de la Prelatura. He visto y he oído cómo nuestro Padre rezaba este himno, con hambre de unirse al canto de alabanza que toda la creación rinde a Dios. Todas las mañanas, después de celebrar la Santa Misa y mientras se quitaba los ornamentos sacerdotales, lo recitaba con inmensa devoción, bien unido a sus hijas y a sus hijos.
En estos días de Navidad, y siempre, es lógico que se alce con más intensidad al Cielo nuestra acción de gracias, en primer lugar, por la encarnación y el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Este don es el fundamento perenne de nuestra gratitud, de nuestra alabanza, de nuestra adoración, a un Dios que no cesa de amarnos con locura y que nos lo manifiesta sin interrupción.
El comienzo del año nuevo nos debe ayudar a tener más presente esta prueba del amor divino. Los Padres de la Iglesia y todos los santos, en las diversas épocas de la historia, se han llenado de admiración al considerar que, con el nacimiento de Cristo, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Inmenso se ha hecho pequeño asumiendo nuestra limitada condición humana. «¿Qué mayor gracia pudo concedernos Dios?», se pregunta san Agustín. «Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios. Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia; y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia»[1].
Nuestro asombro y nuestro agradecimiento aumenta aún más si consideramos que Dios no nos ha dado solamente este regalo por un tiempo o para un momento determinado, sino para siempre. El Eterno ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible "hoy" el encuentro con Él. Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales, interesan a cada hombre y a todos los hombres. Cuando escuchamos o pronunciamos, en las celebraciones litúrgicas, este "hoy ha nacido para nosotros el Salvador", no estamos utilizando una expresión convencional vacía, sino entendemos que Dios nos ofrece “hoy”, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia[2].
A la luz del amoroso designio divino con la humanidad entera y con cada uno, adquieren su verdadero relieve los acontecimientos del año que acaba de concluir: la salud y la enfermedad, los éxitos y los fracasos, los acontecimientos felices y los dolorosos, lo que consideramos bueno y lo que nos pareció menos bueno... Qué bien lo expresó nuestro Fundador en aquel punto de Camino, cuando exhorta a levantar el corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.
Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...
Dale gracias por todo, porque todo es bueno[3].
Es cierto que en el mundo abundan los dramas y sufrimientos: catástrofes naturales que arrebatan la vida a millares de personas, focos de guerra y violencia en muchos lugares, enfermedades y carencia de bienes de primera necesidad en innumerables puntos de la tierra, divisiones y rencillas en las familias y entre los pueblos... A todo esto hay que añadir ahora la profunda crisis económica que afecta a muchos países, con tantos hombres y mujeres en paro forzoso.
Sin embargo, aunque la razón no llegue a entender el porqué de estas situaciones, la fe nos asegura que este tiempo nuestro encierra ya, de forma definitiva e imborrable, la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador (...). La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y débil de un niño. ¿No hay aquí una invitación a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvación también en las horas breves y fatigosas de nuestra vidas cotidiana? ¿No es una invitación a descubrir que nuestro tiempo humano —también en los momentos difíciles y duros— está enriquecido incesantemente por las gracias del Señor, es más, por la Gracia que es el Señor mismo?[4].
Hagamos memoria, hijas e hijos míos, de los innumerables beneficios recibidos en los meses que acaban de transcurrir. Podemos meditarlos en la intimidad de la oración. A pesar de nuestra poquedad personal, ha sido un año más de fidelidad a nuestra vocación cristiana en la Iglesia, siguiendo el espíritu de la Obra. Y podemos enumerar otros muchos beneficios: los frutos espirituales de un trabajo ofrecido a Dios y realizado con espíritu de servicio a las almas; las personas que, gracias al ejemplo y a la palabra apostólica de los hijos de Dios, se han acercado con intimidad al Señor o lo han descubierto en la trama de su existencia ordinaria; el comienzo de la labor apostólica estable de fieles de la Prelatura en nuevos países y su consolidación en otros; la llamada divina a servirle en el Opus Dei que el Señor ha dirigido a muchas personas en el mundo entero; la profunda remoción interior, las conversiones y vocaciones de entrega total, siguiendo los más variados caminos espirituales, que Dios ha suscitado en la Iglesia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en el mes de agosto... Y tantos otros beneficios en la vida personal, familiar y social, que toca a cada uno descubrir y agradecer.
Ante este panorama sin fronteras, podemos hacer nuestra la oración que san Josemaría rezó innumerables veces, especialmente en los últimos años de su existencia terrena: Sancte Pater, omnipotens, æterne et misericors Deus, Beata Maria intercedente, gratias tibi ago pro universis beneficiis tuis etiam ignotis[5]; Padre Santo, omnipotente, eterno y misericordioso Dios: por la intercesión de la bienaventurada Virgen María te doy gracias por todos tus beneficios, también los desconocidos. Porque, efectivamente, son más los beneficios que nos han pasado inadvertidos que los que conocemos. ¿Quién podría contar las veces que el Señor, con su paternal providencia, nos ha librado de peligros del alma y del cuerpo? ¿Quién sería capaz de enumerar las gracias que la Santísima Virgen nos ha conseguido en estos meses?
Por eso, es natural y sobrenaturalmente lógico que tratemos de mantener una constante actitud de agradecimiento. Como exhortaba san Josemaría al comienzo de un nuevo año: Ut in gratiarum semper actione maneamus! Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito —que traerá mucho bien para nuestras almas— de no ser nunca más infieles[6].
Dirijamos ahora la mirada al año que comienza. ¡Cuántos beneficios nos otorgará el Señor, si lo recorremos de la mano de Santa María! Se lo pedimos a nuestra Madre en esta fecha en la que la Iglesia conmemora solemnemente su Maternidad divina.
Las fiestas de estas semanas nos impulsan a empaparnos del clima de la primera Navidad. Ante el belén, imaginando los detalles de cariño de María y José con el Recién Nacido, habremos examinado cómo es nuestro trato con los demás: nuestra propia familia, los amigos, los colegas, y todas las personas que Dios —de un modo u otro— va poniendo a nuestro lado. Para todos hemos de ser luminarias que lleven a Cristo, como deseaba el Papa al reflexionar sobre las luces que adornan el árbol de Navidad. Que cada uno de nosotros —decía— aporte algo de luz en los ambientes en que vive: en la familia, en el trabajo, en el barrio, en los pueblos, en las ciudades. Que cada uno sea una luz para quien tiene al lado; que deje de lado el egoísmo que, tan a menudo, cierra el corazón y lleva a pensar sólo en uno mismo; que preste más atención a los demás, que los ame más. Cualquier pequeño gesto de bondad —concluía el Santo Padre— es como una luz de este gran árbol: junto con las otras luces ilumina la oscuridad de la noche, incluso de la noche más oscura[7].
Apliquemos estas consideraciones a la existencia cotidiana, tan rica de oportunidades de entrega a Dios y a los demás. Es cierto que somos y nos sentimos poca cosa; por eso mismo, os transmito la invitación de nuestro Fundador a volvernos voluntariamente pequeños delante de Dios, para que nuestro Padre celestial y nuestra Madre la Virgen se ocupen con especial esmero de cada uno. Esta decisión comporta el deseo de renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños[8].
El trato de los hijos pequeños con sus padres —su abandono en ellos, su confianza, sus audaces peticiones— nos sirve de modelo para nuestras relaciones con Dios. Es la actitud fundamental del cristiano, que, renovada un día y otro, jornada tras jornada, nos asegura que andamos por la senda justa, independientemente de los éxitos o fracasos que puedan presentarse. ¿Nos detenemos con frecuencia a pensar si estamos caminando con el Señor? ¿Le dejamos que nos acompañe a toda hora? ¿Cómo le hablamos de lo que se nos presenta en cada momento?
¿Quién va a ser mejor Maestra que la Santísima Virgen? Al escuchar el anuncio de san Gabriel, se abandonó plenamente a la Voluntad divina —fiat mihi secundum verbum tuum!—, y creyó firmemente que se cumplirían las cosas que se te han dicho de parte del Señor, como proclamó santa Isabel, inspirada por el Espíritu Santo[9]. Luego, en Caná, dirigió a su Hijo una petición llena de fe, intercediendo por las necesidades de los esposos —no tienen vino— y recomendó a los sirvientes cumplir exactamente lo que les indicara el Señor: haced lo que Él os diga[10]. Miremos más a la Virgen, invoquémosla más.
Dentro de pocas fechas, el 9 de enero, se cumplen ciento diez años del nacimiento de san Josemaría. Aprovechemos este aniversario para acudir con fe a su intercesión, pidiendo por la Iglesia y la humanidad. Llevadle de modo especial las necesidades de la Obra, de sus hijas y de sus hijos en el mundo entero, y seguid rezando por mis intenciones. Todas y todos estáis constantemente presentes en mi oración; especialmente los que pasan por momentos de mayor sufrimiento físico o espiritual. Con palabras de san Pablo, os aseguro que es justo que yo sienta esto por cada uno de vosotros, ya que os tengo en el corazón (...). Dios es testigo de cómo os amo a todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús[11].
Me parece también muy oportuno que recordemos el empuje sobrenatural y humano, el optimismo nacido de la fe, que san Josemaría transmitió a sus hijos en la Carta Circular del 9 de enero de 1939, un año después de su llegada a Burgos, pensando en el incremento de la labor apostólica de la Obra al concluir la guerra civil española, cuyo fin era ya inminente.
¿Obstáculos? No me preocupan los obstáculos exteriores: con facilidad los venceremos. No veo más que un obstáculo imponente: vuestra falta de filiación y vuestra falta de fraternidad, si alguna vez se dieran en nuestra familia. Todo lo demás (escasez, deudas, pobreza, desprecio, calumnia, mentira, desagradecimiento, contradicción de los buenos, incomprensión y aun persecución de parte de la autoridad), todo, no tiene importancia, cuando se cuenta con Padre y hermanos, unidos plenamente por Cristo, con Cristo y en Cristo. No habrá amarguras, que puedan quitarnos la dulcedumbre de nuestra bendita Caridad[12].
Con la fuerza de nuestro Padre, y en su nombre, os pido que afinemos en la filiación y en la fraternidad. Si no cuidásemos a fondo estos pilares de nuestra familia sobrenatural, se provocarían grietas en la estructura de la Obra, a las que ninguno debe quitar importancia. Os digo lo que también nos comunicó en los años 50: que recemos el oremus pro unitate apostolatus, porque lo vivamos sin solución de continuidad.
Con todo cariño, deseándoos los mejores regalos del Cielo en este nuevo año, os bendice
vuestro Padre
+ Javier
Roma, 1 de enero de 2012.
[1] San Agustín, Sermón 185 (PL 38, 999).
[2] Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 21-XII-2011.
[3] San Josemaría, Camino, n. 268.
[4] Benedicto XVI, Homilía en las I Vísperas de la solemnidad de María, Madre de Dios, 31-XII-2010.
[5] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 15-IX-1971.
[6] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.
[7] Benedicto XVI, 7-XII-2011.
[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 143.
[9] Lc 1, 38 y 45.
[10] Jn 2, 3 y 5.
[11] Flp 1, 7-8.
[12] San Josemaría, Carta Circular, Burgos, 9-I-1939; en A. Vázquez de Prada, "El Fundador del Opus Dei", II, p. 380.
Entre otras ideas, el Prelado del Opus Dei invita a agradecer a Dios el tiempo que dejamos atrás y a mirar con esperanza el año que se abre ante nosotros.
06 de enero de 2012
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Cantando ayer el Te Deum en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, ante el Santísimo Sacramento expuesto en la custodia, dábamos gracias a la Trinidad Beatísima por los beneficios que nos ha concedido en el año que acaba de transcurrir. Me sentí muy unido al Papa y a toda la Iglesia, especialmente a cada una y a cada uno de vosotros, y a los innumerables Cooperadores y amigos de la Prelatura. He visto y he oído cómo nuestro Padre rezaba este himno, con hambre de unirse al canto de alabanza que toda la creación rinde a Dios. Todas las mañanas, después de celebrar la Santa Misa y mientras se quitaba los ornamentos sacerdotales, lo recitaba con inmensa devoción, bien unido a sus hijas y a sus hijos.
En estos días de Navidad, y siempre, es lógico que se alce con más intensidad al Cielo nuestra acción de gracias, en primer lugar, por la encarnación y el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Este don es el fundamento perenne de nuestra gratitud, de nuestra alabanza, de nuestra adoración, a un Dios que no cesa de amarnos con locura y que nos lo manifiesta sin interrupción.
El comienzo del año nuevo nos debe ayudar a tener más presente esta prueba del amor divino. Los Padres de la Iglesia y todos los santos, en las diversas épocas de la historia, se han llenado de admiración al considerar que, con el nacimiento de Cristo, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Inmenso se ha hecho pequeño asumiendo nuestra limitada condición humana. «¿Qué mayor gracia pudo concedernos Dios?», se pregunta san Agustín. «Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios. Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia; y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia»[1].
Nuestro asombro y nuestro agradecimiento aumenta aún más si consideramos que Dios no nos ha dado solamente este regalo por un tiempo o para un momento determinado, sino para siempre. El Eterno ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible "hoy" el encuentro con Él. Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales, interesan a cada hombre y a todos los hombres. Cuando escuchamos o pronunciamos, en las celebraciones litúrgicas, este "hoy ha nacido para nosotros el Salvador", no estamos utilizando una expresión convencional vacía, sino entendemos que Dios nos ofrece “hoy”, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia[2].
A la luz del amoroso designio divino con la humanidad entera y con cada uno, adquieren su verdadero relieve los acontecimientos del año que acaba de concluir: la salud y la enfermedad, los éxitos y los fracasos, los acontecimientos felices y los dolorosos, lo que consideramos bueno y lo que nos pareció menos bueno... Qué bien lo expresó nuestro Fundador en aquel punto de Camino, cuando exhorta a levantar el corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.
Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...
Dale gracias por todo, porque todo es bueno[3].
Es cierto que en el mundo abundan los dramas y sufrimientos: catástrofes naturales que arrebatan la vida a millares de personas, focos de guerra y violencia en muchos lugares, enfermedades y carencia de bienes de primera necesidad en innumerables puntos de la tierra, divisiones y rencillas en las familias y entre los pueblos... A todo esto hay que añadir ahora la profunda crisis económica que afecta a muchos países, con tantos hombres y mujeres en paro forzoso.
Sin embargo, aunque la razón no llegue a entender el porqué de estas situaciones, la fe nos asegura que este tiempo nuestro encierra ya, de forma definitiva e imborrable, la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador (...). La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y débil de un niño. ¿No hay aquí una invitación a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvación también en las horas breves y fatigosas de nuestra vidas cotidiana? ¿No es una invitación a descubrir que nuestro tiempo humano —también en los momentos difíciles y duros— está enriquecido incesantemente por las gracias del Señor, es más, por la Gracia que es el Señor mismo?[4].
Hagamos memoria, hijas e hijos míos, de los innumerables beneficios recibidos en los meses que acaban de transcurrir. Podemos meditarlos en la intimidad de la oración. A pesar de nuestra poquedad personal, ha sido un año más de fidelidad a nuestra vocación cristiana en la Iglesia, siguiendo el espíritu de la Obra. Y podemos enumerar otros muchos beneficios: los frutos espirituales de un trabajo ofrecido a Dios y realizado con espíritu de servicio a las almas; las personas que, gracias al ejemplo y a la palabra apostólica de los hijos de Dios, se han acercado con intimidad al Señor o lo han descubierto en la trama de su existencia ordinaria; el comienzo de la labor apostólica estable de fieles de la Prelatura en nuevos países y su consolidación en otros; la llamada divina a servirle en el Opus Dei que el Señor ha dirigido a muchas personas en el mundo entero; la profunda remoción interior, las conversiones y vocaciones de entrega total, siguiendo los más variados caminos espirituales, que Dios ha suscitado en la Iglesia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en el mes de agosto... Y tantos otros beneficios en la vida personal, familiar y social, que toca a cada uno descubrir y agradecer.
Ante este panorama sin fronteras, podemos hacer nuestra la oración que san Josemaría rezó innumerables veces, especialmente en los últimos años de su existencia terrena: Sancte Pater, omnipotens, æterne et misericors Deus, Beata Maria intercedente, gratias tibi ago pro universis beneficiis tuis etiam ignotis[5]; Padre Santo, omnipotente, eterno y misericordioso Dios: por la intercesión de la bienaventurada Virgen María te doy gracias por todos tus beneficios, también los desconocidos. Porque, efectivamente, son más los beneficios que nos han pasado inadvertidos que los que conocemos. ¿Quién podría contar las veces que el Señor, con su paternal providencia, nos ha librado de peligros del alma y del cuerpo? ¿Quién sería capaz de enumerar las gracias que la Santísima Virgen nos ha conseguido en estos meses?
Por eso, es natural y sobrenaturalmente lógico que tratemos de mantener una constante actitud de agradecimiento. Como exhortaba san Josemaría al comienzo de un nuevo año: Ut in gratiarum semper actione maneamus! Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito —que traerá mucho bien para nuestras almas— de no ser nunca más infieles[6].
Dirijamos ahora la mirada al año que comienza. ¡Cuántos beneficios nos otorgará el Señor, si lo recorremos de la mano de Santa María! Se lo pedimos a nuestra Madre en esta fecha en la que la Iglesia conmemora solemnemente su Maternidad divina.
Las fiestas de estas semanas nos impulsan a empaparnos del clima de la primera Navidad. Ante el belén, imaginando los detalles de cariño de María y José con el Recién Nacido, habremos examinado cómo es nuestro trato con los demás: nuestra propia familia, los amigos, los colegas, y todas las personas que Dios —de un modo u otro— va poniendo a nuestro lado. Para todos hemos de ser luminarias que lleven a Cristo, como deseaba el Papa al reflexionar sobre las luces que adornan el árbol de Navidad. Que cada uno de nosotros —decía— aporte algo de luz en los ambientes en que vive: en la familia, en el trabajo, en el barrio, en los pueblos, en las ciudades. Que cada uno sea una luz para quien tiene al lado; que deje de lado el egoísmo que, tan a menudo, cierra el corazón y lleva a pensar sólo en uno mismo; que preste más atención a los demás, que los ame más. Cualquier pequeño gesto de bondad —concluía el Santo Padre— es como una luz de este gran árbol: junto con las otras luces ilumina la oscuridad de la noche, incluso de la noche más oscura[7].
Apliquemos estas consideraciones a la existencia cotidiana, tan rica de oportunidades de entrega a Dios y a los demás. Es cierto que somos y nos sentimos poca cosa; por eso mismo, os transmito la invitación de nuestro Fundador a volvernos voluntariamente pequeños delante de Dios, para que nuestro Padre celestial y nuestra Madre la Virgen se ocupen con especial esmero de cada uno. Esta decisión comporta el deseo de renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños[8].
El trato de los hijos pequeños con sus padres —su abandono en ellos, su confianza, sus audaces peticiones— nos sirve de modelo para nuestras relaciones con Dios. Es la actitud fundamental del cristiano, que, renovada un día y otro, jornada tras jornada, nos asegura que andamos por la senda justa, independientemente de los éxitos o fracasos que puedan presentarse. ¿Nos detenemos con frecuencia a pensar si estamos caminando con el Señor? ¿Le dejamos que nos acompañe a toda hora? ¿Cómo le hablamos de lo que se nos presenta en cada momento?
¿Quién va a ser mejor Maestra que la Santísima Virgen? Al escuchar el anuncio de san Gabriel, se abandonó plenamente a la Voluntad divina —fiat mihi secundum verbum tuum!—, y creyó firmemente que se cumplirían las cosas que se te han dicho de parte del Señor, como proclamó santa Isabel, inspirada por el Espíritu Santo[9]. Luego, en Caná, dirigió a su Hijo una petición llena de fe, intercediendo por las necesidades de los esposos —no tienen vino— y recomendó a los sirvientes cumplir exactamente lo que les indicara el Señor: haced lo que Él os diga[10]. Miremos más a la Virgen, invoquémosla más.
Dentro de pocas fechas, el 9 de enero, se cumplen ciento diez años del nacimiento de san Josemaría. Aprovechemos este aniversario para acudir con fe a su intercesión, pidiendo por la Iglesia y la humanidad. Llevadle de modo especial las necesidades de la Obra, de sus hijas y de sus hijos en el mundo entero, y seguid rezando por mis intenciones. Todas y todos estáis constantemente presentes en mi oración; especialmente los que pasan por momentos de mayor sufrimiento físico o espiritual. Con palabras de san Pablo, os aseguro que es justo que yo sienta esto por cada uno de vosotros, ya que os tengo en el corazón (...). Dios es testigo de cómo os amo a todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús[11].
Me parece también muy oportuno que recordemos el empuje sobrenatural y humano, el optimismo nacido de la fe, que san Josemaría transmitió a sus hijos en la Carta Circular del 9 de enero de 1939, un año después de su llegada a Burgos, pensando en el incremento de la labor apostólica de la Obra al concluir la guerra civil española, cuyo fin era ya inminente.
¿Obstáculos? No me preocupan los obstáculos exteriores: con facilidad los venceremos. No veo más que un obstáculo imponente: vuestra falta de filiación y vuestra falta de fraternidad, si alguna vez se dieran en nuestra familia. Todo lo demás (escasez, deudas, pobreza, desprecio, calumnia, mentira, desagradecimiento, contradicción de los buenos, incomprensión y aun persecución de parte de la autoridad), todo, no tiene importancia, cuando se cuenta con Padre y hermanos, unidos plenamente por Cristo, con Cristo y en Cristo. No habrá amarguras, que puedan quitarnos la dulcedumbre de nuestra bendita Caridad[12].
Con la fuerza de nuestro Padre, y en su nombre, os pido que afinemos en la filiación y en la fraternidad. Si no cuidásemos a fondo estos pilares de nuestra familia sobrenatural, se provocarían grietas en la estructura de la Obra, a las que ninguno debe quitar importancia. Os digo lo que también nos comunicó en los años 50: que recemos el oremus pro unitate apostolatus, porque lo vivamos sin solución de continuidad.
Con todo cariño, deseándoos los mejores regalos del Cielo en este nuevo año, os bendice
vuestro Padre
+ Javier
Roma, 1 de enero de 2012.
[1] San Agustín, Sermón 185 (PL 38, 999).
[2] Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 21-XII-2011.
[3] San Josemaría, Camino, n. 268.
[4] Benedicto XVI, Homilía en las I Vísperas de la solemnidad de María, Madre de Dios, 31-XII-2010.
[5] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 15-IX-1971.
[6] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.
[7] Benedicto XVI, 7-XII-2011.
[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 143.
[9] Lc 1, 38 y 45.
[10] Jn 2, 3 y 5.
[11] Flp 1, 7-8.
[12] San Josemaría, Carta Circular, Burgos, 9-I-1939; en A. Vázquez de Prada, "El Fundador del Opus Dei", II, p. 380.
Etiquetas: agradecimiento opus dei, año nuevo prelado, carta enero, carta prelado enero, esperanza opus dei
3 respuestas a 3 preguntas sobre el Código da Vinci
Todavía hay mucha gente que lee la novela o ha visto y ve la película y que le surgen dudas y dudas y confusión, por lo que navegando, navegando he encontrado esta información que me ha parecido interesante para publicarla en el blog. Poco a poco iré publicando más preguntas y datos sobre El Código da Vinci.1. ¿Qué es el Código da Vinci?
Fue un best-seller norteamericano, un superventas con 105 capítulos cortos, como escenas que parecen pensadas para su adaptación cinematográfica.
Gozó de un marketing bien gestionado y de una notabilísima inversión económica.
En mayo de 2006 apareció una película, producida por Sony Pictures, basada en el libro, con el mismo título.
La película, presentada en Cannes, tuvo muy mala acogida entre la crítica.
2. ¿Cómo se promocionó el libro?
Fue un libro costosa y extraordinariamente publicitado, con una promoción mundial realizada mediante un costoso marketing, que incluyó:
Entrevistas al autor, Dan Brown, en los principales medios de comunicación.
Difusión privilegiada del libro en las librerías del mundo entero.
Ventas: más de 40 millones de ejemplares según El País (España) y más de 44 millones de ejemplares según Wikipedia.
Traducciones: 44 idiomas.
Dinero: se calcula la fortuna de Dan Brown en 250 millones de dólares. Según Forbes, ganó 80 millones de dolares sólo en un año.
Webs: han aparecido muchas webs -como El Secreto- sobre el libro en internet.
Juegos: se han promovido juegos de adivinanzas en Internet sobre los temas del libro.
Foros: se han creado diversos foros para promocionarlo en la red.
Turismo: se han impulsado rutas turísticas que siguen los lugares descritos en la novela.
En París, una visita guiada cuesta 100 euros.
3.¿Cómo se promocionó la película?
Según las revistas especializadas Sony Pictures pagó cinco millones de dólares por los derechos de la novela, más una cantidad desconocida tras el estreno de la película.
La película se promocionó igual que el libro, con un poderosísimo despliegue publicitario.
Se habla de futuras películas, basadas en otras obras de Brown.
Proyecto de la película:
Según la publicidad del film, John Calley, ejecutivo de Sony, llegó a un sustancioso acuerdo con los representantes de Brown tras la publicación del libro.
Rodaje:
Comenzó en París el 30 de junio de 2005. Continuó en Londres, en los estudios Shepperton y en otros lugares de Europa.
Contenidos agresivos:
La Abadía de Westminster se negó a que se filmara en su interior, por considerar que el texto que sirve de base al guión es "teológicamente ridículo".
Lo mismo hizo la iglesia de San Sulpicio y la de Santa María de las Gracias. Ninguna gran catedral católica o protestante ha aceptado que se filme una película como ésta en su interior.
La película numerosos elementos agresivos contra la sensibilidad religiosa, en concreto la cristiana.
Búsqueda de escándalo:
La película siembra el odio hacia la religión y favorece la discordia social y religiosa.
Hiere sensibilidades de amplios sectores de la población: seguidores de Jesucristo; cristianos en general; miembros e instituciones de la Iglesia Católica; grupos humanos, como los albinos, etc.
Expectativas económicas:
Se dice que el proyecto cuenta con un presupuesto de 125 millones de dólares pero se ignoran los gastos exactos de producción de esta película, que dice en su publicidad que revela"el mayor secreto de la historia de la humanidad".
Según las diversas fuentes, Tom Hanks suele ganar un promedio de 20 millones de dólares.
Presentación mundial:
En mayo de 2006 el film inauguró el Festival Internacional de Cine de Cannes, sin competir por ninguno de sus galardones.
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